“Pienso cada día en mi tiempo en Honduras”: Tim Kaine, compañero de fórmula de Hillary Clinton

Cuando llegó a Honduras en 1980, Tim Kaine tenía 22 años y era un estudiante que nunca había salido de EEUU, un muchacho de la gélida Minnesota, criado en Misuri, que por primera vez descubría el Tercer Mundo. Los nueve meses que pasó en El Progreso, el pueblo donde ejerció de maestro de escuela con misioneros jesuitas, le transformaron.

Hoy Kaine, uno de los senadores más influyentes en Washington, es el candidato del Partido Demócrata a la vicepresidencia, primero en línea de sucesión de la aspirante a comandante en jefe, Hillary Clinton. Clinton anunció el nombramiento el viernes. Y, aunque sus antepasados no sean latinoamericanos, es uno de los políticos más latinos en Washington, capaz de empatizar como pocos con la minoría más pujante de EE UU.

Gran parte de los 54 millones de hispanos temen que el republicano Donald Trump llegue a la Casa Blanca. Trump ha hecho de la criminalización de los inmigrantes indocumentados uno de los argumentos centrales de su campaña.

Kaine, blanco como Trump, es el anti-Trump. En junio de 2013, el candidato a la vicepresidencia rompió esquemas al leer un discurso en el Senado en español. Según los registros parlamentarios era la primera vez que un senador hablaba en la lengua de millones de latinos. Su español es fluido.

“Pienso cada día en mi tiempo en Honduras”, dijo Kaine en una conversación telefónica con el país en abril de 2015 Kaine. Antes que senador, fue gobernador de Virginia y presidente del Comité Nacional Demócrata. “Cada día pienso en las lecciones de mis amigos de allí”, añadió. “Fue una de las dos o tres decisiones más importantes de mi vida”.

En Honduras Kaine conoció a Jarrell Patrick, un sacerdote estadounidense conocido como el padre Patricio. El padre Patricio le llevaba de pueblo en pueblo, donde celebraba misas en altares improvisados, según explicó The Washington Posten un artículo que dedicó en 2005 a Kaine cuando se presentaba a gobernador de Virginia. Una vez, después de visitar a una familia con cuatro hijos que presentaban signos de malnutrición, y cuando estaban despidiéndose, el padre de la familia les dio una bolsa con comida.

El padre Patricio aceptó el regalo. Kaine no entendió por qué Patricio aceptaba comida de una familia que tenía dificultades alimentar a sus hijos. “Tim”, le dijo Patricio, “realmente hay que ser humilde para aceptar un regalo con comida de una familia tan pobre”. No ha olvidado la lección.